Mediados los años cincuenta del siglo XX Francisco Torrent Guasp (1931-2005) marchó a estudiar Medicina a Salamanca. Joven de familia acomodada, natural de Gandía, era un hombre inquieto con especial habilidad para el dibujo. Fue en su cuarto año de estudios cuando, dentro de las prácticas de anatomía, tuvo que diseccionar un corazón humano. Aquello resultó para él poco menos que una iluminación. Como San Pablo, se cayó del caballo y descubrió la pasión de su vida. “Desde el primer momento me fascinó aquella cavidad con sus pormenores morfológicos”, aseguraba en sus memorias, aún inéditas. Medio siglo después, Torrent Guasp, Paco, como le llamaba todo el mundo, fallecía convertido en el gran explorador, en el geógrafo por excelencia del corazón. Sus descubrimientos habían revolucionado para siempre el conocimiento de la estructura y el funcionamiento del mismo.
Este jueves 15 de junio la ciudad de València acogerá un homenaje a este científico valenciano único en una cita en la que se reunirán reputados cardiólogos para recordarle. Premio Miguel Servet y medalla de oro de la Sociedad Española de Cardiología, Torrent Guasp fue candidato al Nobel de Medicina en 1978 y su memoria está siendo constantemente reivindicada en los últimos años para que su nombre no se pierda. El acto está organizado por la Reial Acadèmia de Medicina de la Comunitat Valenciana y por el Instituto Valenciano del Corazón, bajo el auspicio de la Universitat de València y con el patrocinio de la Conselleria de Sanidad y la de Educación, así como del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valencia y el Instituto Valenciano de Oncología.
En 1997, Torrent Guasp explicó el corazón como una banda enrollada, La contracción progresiva de la banda era capaz de explicar la expulsión y la succión de la sangre, es decir, que si durante el movimiento de sístole el corazón empujaba la sangre por el sistema circulatorio, con la relajación del de diástole se producía el llenado de las aurículas.
La pequeña revolución de este médico valenciano ha tenido repercusión tanto en la investigación como en las aplicaciones médicas. Gerald Buckberg, de la Universidad de California de Los Ángeles, bautizó una técnica de cirugía ventricular como ‘pacopexy’ (pacopexia), en alusión a Paco Torrent-Guasp. Según recuerdan portavoces de su familia, su ingenio y su calidad humana han sido reconocidos por personalidades de la cardiología como el profesor Sir Donald N. Ross del Nacional Heart Hospital de Londres, o James L. Cox, expresidente de la Fundación Mundial del Corazón. También Morteza Gharib, jefe del departamento de bio-ingeniería para la exploración del espacio de la Nasa y del Instituto de Tecnología de California, (CalTech), entre muchos otros que compartieron con él ratos apasionantes en el jardín de su casa de Dénia (Alicante), "donde cultivaba su particular árbol de la ciencia".
“Abría las puertas de su estudio con su pequeño laboratorio tanto al eminente científico como a estudiantes de todo el mundo”. En la mesa de su patio, discutían sobre el corazón autoridades científicas, doctores y estudiantes. ‘Nos sentíamos como ‘Alicia en el país de las maravillas’ escuchándole’, añade el Dr. Mladen Kocica en declaraciones a la Fundación Torrent-Guaps, una entidad promovida por la familia que pretende recuperar la memoria del médico de Gandia.
Y como la vida es una contradicción, Francisco Torrent-Guasp falleció hace ahora doce años de un infarto de miocardio, poco después de ser ovacionado por sus compañeros tras una conferencia en un congreso de cardiología en Madrid.
Seguimos habitando en el planeta humo. Y quizá no sólo porque los gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por la actividad humana -sobre todo por la quema de combustibles fósiles- no hagan más que aumentar cada año a escala global. Sino también por la falta de la determinación política necesaria para impulsar los ambiciosos compromisos de reducción de emisiones que demanda el prometedor objetivo alcanzado en la Cumbre del Clima de París celebrada en diciembre de 2015: mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2ºC de incremento respecto de la temperatura media en la era preindustrial, e incluso trabajar para contener dicho aumento en 1,5ºC.
Sin duda ese es el gran reto al que se enfrenta la Humanidad a partir de mañana, cuando dé comienzo en Marrakech (Marruecos) la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la 22ª Cumbre del Clima (COP22).
El ya conocido como Acuerdo de París fue un paso de gigante para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que involucró por primera vez a todos los países del mundo, 195 naciones más la Unión Europea. Pero el documento, ratificado ya por 100 países que suponen el 70% de las emisiones mundiales -entre los que no está España-, necesita aumentar la ambición de los compromisos nacionales, hasta ahora voluntarios, y concretar los detalles de cómo se lograrán esos objetivos.
Mientras eso llega, el calentamiento del planeta se ha acelerado en 2016 a un ritmo muy superior al que preveían los científicos. En la primera mitad del año, el aumento de las temperaturas en la superficie terrestre y en los océanos fue de 1,3 grados por encima de los niveles preindustriales, cerca ya del primer techo de 1,5 grados previsto en el Acuerdo de París y que puede alcanzarse bastante antes de lo esperado.
«Nuestras proyecciones sobre el aumento de las temperaturas se han quedado cortas», reconoce David Carson, director del World Climate Research Programme (WCRP). «No preveíamos una subida ni tan rápida ni tan continuada como la que se ha producido este año». Con los compromisos voluntarios anunciados hasta la fecha por 188 países, la temperatura media global rondaría los 3ºC de aumento a final de siglo, algo catastrófico para algunos estados insulares del Pacífico e incluso para buena parte de los países mediterráneos como España, entre otros.
Récords de temperatura
Con la única excepción de junio, 11 de los 12 últimos meses han registrado nuevos récords. Tras el respiro que supuso el fin del fenómeno El Niño (el calentamiento cíclico del Pacífico Oriental), las temperaturas repuntaron en todo el planeta. En Kuwait, el 21 de julio, el termómetro subió hasta los 54 grados, el registro más alto en la historia de esa zona del planeta, seguidos de los 53,9 que se alcanzaron en Irak o los 51 grados en Phalodi, en la ola de calor que afectó a 300 millones de habitantes en India.
En Londres, sin ir más lejos, llegaron en mayo a los 27 grados, 11 por encima de la temperatura media habitual para ese mes. En Alaska, la primavera entró varias semanas antes de tiempo y se registraron temperaturas de 5,5 grados por encima de la media.
El otoño australiano fue también especialmente caliente y el calor extremo afectó también a la temperatura marina: sólo el 7% de la Gran Barrera coralina escapó al blanqueamiento o decoloración del coral (producido sobre todo por el incremento de temperaturas y de radiación solar).
En España, el mercurio se puso al rojo vivo en pleno mes de septiembre, con un registro de temperatura de 46,4 grados en Sanlúcar La Mayor, 45 en Cabezas de San Juan o 45,1 en el aeropuerto de Córdoba.
CO2 atmosférico
Otra barrera que se rompió en el último año fue la de las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera terrestre. Tres años después de que se diera la voz de alerta en el observatorio hawaiano de Mauna Loa, las 400 ppm son ya la nueva y preocupante marca media mundial durante todo el año, frente a las 278 ppm que se registraban en la era preindustrial, una cifra que está considerada como el balance natural de la Tierra.
La quema de combustibles fósiles (especialmente el carbón y el petróleo) sigue siendo el factor que más contribuye al aumento de las emisiones de CO2. El aumento de las temperaturas en los últimos meses en el hemisferio norte ha contribuido también a la liberación de metano por el descongelamiento del permafrost, sobre todo en las áreas cercanas al Ártico.
Un proyecto de la Universidad de Alaska, recién publicado en Nature Geoscience, revela la creciente contribución del deshielo en la propia Alaska, en Canadá, en Suecia y en Siberia al «bucle de gases invernadero» que están acelerando el calentamiento del planeta. Entre tanto, en Siberia, y más concretamente en la isla Belyy, los investigadores Alexander Sokolov y Dorothee Ehrich han descubierto este verano un preocupante fenómeno: la formación de auténticas burbujas subterráneas de CO2 y de metano que pueden pincharse con una simple pisada.
Tras el relativo alivio de los últimos tres años, la atención ha vuelto a centrarse este verano en la capa de hielo del Ártico, que ha descendido alarmantemente a su segundo mínimo histórico (4,14 millones de kilómetros cuadrados) tras el récord fijado en 2012. En la Antártida, el glaciólogo Stewart Jamieson ha descubierto la formación de casi 8.000 lagos supraglaciales a partir del hielo derretido entre los años 2000 y 2013, detectados por los satélites como «manchas azules» en el continente blanco.
«Lo que está ocurriendo en el planeta es algo sin precedentes en los últimos mil años», asegura Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de la NASA. «No ha habido ningún periodo en el que pueda observarse una tendencia como la experimentada en las últimas tres décadas».
Schmidt destaca cómo la tendencia se ha acusado en los últimos meses y ha dejado perplejos a los científicos del clima: «No ha existido prácticamente una pausa o un hiato. La tendencia a largo plazo se mantiene y hay razones para estar preocupados. Nos enfrentamos a un problema crónico al que tendrá que hacer frente la sociedad en los próximos cien años».
Crean ratones con telómeros hiperlargos sin alterar los genes.
Científicos del CNIO han desarrollado ratones con telómeros
más largos de lo normal, menos signos de envejecimiento molecular y una
menor incidencia de cáncer. Dichos telómeros hiperlargos no provocaron
en los animales efectos fatales a largo plazo. Prescindir de la
manipulación genética para alargar los telómeros ofrece una nueva manera
de retrasar el envejecimiento sin alterar los genes.
SINC|02 junio 2016 11:00
Imagen del ojo que muestra en verde las células con telómeros hiperlargos y en rojo los telómeros. / CNIO
El Grupo de Telómeros y Telomerasa del Centro Nacional de
Investigaciones Oncológicas (CNIO), en colaboración con la Unidad de
Ratones Transgénicos del mismo centro, ha logrado crear en el
laboratorio ratones con telómeros hiperlargos y con un menor
envejecimiento molecular, evitando el uso de la que hasta ahora era la
vía habitual: la introducción de genes.
Esta nueva técnica, basada en cambios epigenéticos y descrita hoy en Nature Communications,
evita la manipulación de genes para retrasar el envejecimiento
molecular. El estudio también subraya la importancia de esta nueva
estrategia para generar células madre embrionarias y células iPS con
telómeros muy largos para su uso en medicina regenerativa.
Los
telómeros (estructuras protectoras situadas en los extremos de los
cromosomas) son esenciales para la estabilidad del material genético y
para mantener el estado juvenil de las células y el organismo.
Los telómeros son esenciales para la estabilidad del material
genético y para mantener el estado juvenil de las células y el organismo
Sin embargo, los telómeros se van acortando a medida que envejecemos.
Llegado un punto crítico de acortamiento, las células entran en
senescencia o mueren. Esta es una de las causas moleculares del
envejecimiento celular y de la aparición de enfermedades asociadas a la
vejez.
Por el contrario, cuando los telómeros tienen una longitud
extra –cosa que logró por primera vez el grupo del CNIO dirigido por
Maria A. Blasco usando la expresión del gen de la telomerasa– ejercen un
papel protector frente al envejecimiento y las enfermedades asociadas a
él, prolongando significativamente la vida de los ratones. Cómo alargar los telómeros
Tenemos que remontarnos al año 2009, cuando en un trabajo publicado en la revista Cell Stem Cell
se describía que el cultivo in vitro de células iPS causaba el
alargamiento progresivo de los telómeros hasta generar lo que las
autoras llamaron ‘telómeros hiperlargos’.
Poco después, en 2011, Elisa Varela (también firmante de este último paper) y sus colegas del CNIO publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) que este fenómeno también ocurría de forma espontánea en las células madre embrionarias cuando se cultivaban in vitro.
“La
expansión in vitro de las células madre embrionarias resulta en el
alargamiento de los telómeros hasta el doble de la longitud normal en
las células del embrión”, explican las autoras. Una elongación que
ocurre gracias a mecanismos activos naturales y sin que se produzcan
alteraciones en el gen de la telomerasa.
Los autores del trabajo, de izquierda a derecha: Miguel A.
Muñoz-Lorente, Maria A. Blasco, Sagrario Ortega, Elisa Varela, Agueda M.
Tejera. / CNIO
Pero, ¿serían estas células capaces de dar lugar a un
ratón con telómeros mucho más largos de lo normal y que envejeciera más
lentamente? En el trabajo que se publica hoy en Nature Communications, Elisa Varela y sus colegas demuestran que sí. Menos daños en el ADN y menos tumores
Las
células con telómeros hiperlargos de estos ratones parecen ser
perfectamente funcionales. Al analizar los tejidos en diferentes
momentos (0, 1, 6 y 12 meses de vida), estas células mantenían el
gradiente extra de longitud (decrecían con el tiempo pero a un ritmo
normal), presentaban menor acumulación de daños en el ADN y tenían mayor
capacidad para la reparación de heridas en la piel. Además, los
animales tenían una menor incidencia de aparición de tumores –tanto
esporádicos como inducidos–que los ratones normales.
Las células con telómeros hiperlargos de estos ratones parecen ser perfectamente funcionales
Estos resultados demuestran que las células madre pluripotentes
portadoras de telómeros hiperlargos pueden dar lugar a organismos con
telómeros más largos que se mantienen juveniles a nivel molecular
durante más tiempo.
Según las autoras, se trata de “una prueba de
concepto de que es posible generar tejidos adultos con telómeros más
largos de lo normal en ausencia de modificaciones genéticas”.
“Nuestro
trabajo también demuestra que es posible generar iPS con telómeros más
largos –explica Blasco– que resultarían en células diferenciadas con
telómeros a su vez más largos y que estarían, por tanto, más protegidas
del daño”.
Esto podría ser una ventaja en el campo de la medicina
regenerativa, donde se está estudiando cómo usar células iPS para
generar tipos celulares adultos para terapias celulares. El siguiente
paso será “generar una nueva especie de ratón que tenga los telómeros de
todas sus células el doble de largos de lo normal”, explican Blasco y
Varela.
“De este modo, podremos analizar algunas de las grandes
preguntas que aún están sin contestar: ¿Viviría más una especie de ratón
que tuviera los telómeros el doble de largos? ¿Es este el mecanismo que
ha usado la naturaleza para determinar longevidades muy diferentes en
especies genéticamente muy similares? ¿Tendría esta nueva especie más o
menos cáncer?
Referencia bibliográfica: Nature Communications.
Este
estudio ha sido financiado por el Ministerio de Economía y
Competitividad español, el Consejo Europeo de Investigación (ERC, por
sus siglas en inglés), la Comunidad de Madrid, la AXA Research Fund y al
Fundación Botín y el Banco Santander a través de Santander
Universidades.
Grupos de células fosilizadas que se interpretan como organismos multicelulares M. Zhu
Hace algo más de 530 millones de años, la vida se desbocó. En un
periodo conocido como la explosión cámbrica, casi de repente,
aparecieron los organismos que serían la base de los animales modernos y
comenzaron a diversificarse a toda prisa. La vida había necesitado más
de 3.000 millones de años de evolución para llegar a ese punto desde la
aparición de los primeros microbios. Entre el misterio de los orígenes y
la excitación de la revolución del Cámbrico, había quien hablaba de mil
millones de años de aburrimiento, un largo periodo en el que parece que
sucedió más bien poco. Sin embargo, hallazgos recientes sugieren que
fue más entretenido de lo que se había contado.
En un artículo reciente publicado en la revista Nature Communications,
un equipo de científicos chinos anunció el descubrimiento de un fósil
de 1.560 millones de años en la formación Gaoyuzhuang, en el norte de
China. Se trata de los restos de unos organismos multicelulares que se
podrían ver sin necesidad de microscopio. Estos seres podrían ser un
ejemplo del momento en que los eucariotas unicelulares comenzarían a
formar organismos multicelulares. Sería un paso más en la formación de
sociedades entre organismos simples como el que dio lugar a los propios
eucariotas. Estos seres vivos, que tienen células con núcleo y toda una
maquinaria biológica protegida por una membrana, habrían surgido a
partir de la unión de otras bacterias. El resultado fue la base de la
maquinaria de todo tipo de organismos actuales, desde los humanos a las
plantas.
El nuevo hallazgo lo componen 167 fósiles de
hasta 30 centímetros de largo que habitaron nuestro planeta cientos de
millones de años antes de que este tipo de formas de vida se hiciese
frecuente
El nuevo hallazgo lo componen 167 fósiles de hasta 30 centímetros de
largo que habitaron nuestro planeta cientos de millones de años antes de
que este tipo de formas de vida se hiciese frecuente. En aquella
Tierra, mucho más caliente y en la que el oxígeno era escaso, estos
organismos podrían empezar a aprovechar la energía del Sol a través de
la fotosíntesis, según explican los autores. Su aspecto sería similar al
de algunos tipos de algas actuales.
Para Purificación López-García, investigadora del Centre National de
la Recherche Scientifique (CNRS), no es tan sorprendente que aparezcan
en aquel tiempo los primeros organismos multicelulares. Recuerda, no
obstante, que con estos hallazgos en los que se habla de récords hay que
ser cauto, porque en ocasiones se fuerzan las pruebas. “Hay unos
fósiles de Gabón, que se vendieron
como el primer ejemplo de organismos multicelulares con una edad de
2.100 millones de años, que son muy dudosos”, apunta. “Pero en este
caso, empieza a ser un tiempo razonable para que aparezcan estructuras
celulares más o menos organizadas”, añade. Además, “por la forma parece
más probable que se trate de organismos multicelulares que de organismos
unicelulares que estaban juntos”, continúa. No obstante, López-García
no cree que los investigadores chinos ofrezcan ninguna prueba para
sustentar su afirmación de que vivían de la fotosíntesis.
En opinión de Miquele de Renzi, profesor emérito de la Universidad de
Valencia, el fósil descubierto por los científicos chinos “pudo ser uno
de muchos intentos de multicelularidad” que se debieron dar en la
historia de la evolución de la vida. Sobre los beneficios que pudieron
obtener esos organismos de su nueva complejidad, De Renzi recuerda que
esas ventajas siempre aparecen a posteriori, que “surge la estructura y
después se le puede dar una función a partir de sus características”. En
este caso, “el agregado de células puede tener un mayor tamaño que una
célula por separado y eso puede evitar su destrucción por otros
organismos”, añade.
La diversidad biológica es la base de la vida y de los servicios esenciales que brindan los ecosistemas. Por lo tanto, es el fundamento de los medios de vida y el desarrollo sostenible de la población en todas las esferas de actividad,
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 22 de mayo como el Día Internacional de la Diversidad Biológica, mediante la resolución 55/201, con el propósito de informar y concienciar a la población y a los Estados sobre las cuestiones relativas a la biodiversidad. La fecha se eligió para que coincidiera con el aniversario de la aprobación del Convenio sobre la Diversidad Biológica en 1992.
Cambios en unas pocas decenas de genes explican la particular e imponente figura de la jirafa. Convertida en el símbolo de una de las grandes disputas sobre la evolución de las especies, la secuenciación del genoma de la Giraffa camelopardalis ha permitido identificar las mutaciones genéticas que explican cómo este animal emparentado con los antílopes se convirtió en el más alto que pisa el planeta.
El cuello de la jirafa y el porqué de su largura forma parte ya de la cultura popular. Los dos pioneros de la evolución, el francés Jean-Baptiste Lamarck y el inglés Charles Darwin, usaron a la jirafa para explicar cómo evolucionaban las especies. A comienzos del siglo XIX, Lamarck, que postuló la heredabilidad de los caracteres adquiridos, sostuvo que las jirafas, en su afán por llegar a las hojas más altas, fueron alargando sus cuellos generación tras generación, un alargamiento que acabó por heredarse.
Años más tarde, Darwin le daría la vuelta: por azar, en cada generación algunas jirafas tendrían el cuello más largo, lo que les daría una ventaja adaptativa primando su éxito reproductivo, haciendo que, a la larga, todas las jirafas tuvieran cuellos largos.
Las jirafas acumulan cambios en 70 genes relacionados con el sistema locomotor, cardiovascular y nervioso
Un siglo y medio después, la genética aclara cómo acabó la jirafa pareciendo una jirafa. Un grupo de investigadores estadounidenses y tanzanos han secuenciado el genoma de la jirafa masai, una de la decena de subespecies que hay de este animal. Además, también secuenciaron el del otro representante vivo de la familia Giraffidae, el esquivo y escaso okapi. Para localizar que cambios genéticos hacen tan especial a la jirafa, los científicos compararon ambos genomas con el de otras cuarenta especies de mamíferos, entre ellos los humanos.
"La secuencia genética del Okapi es muy parecida a la de la jirafa ya que ambos divergieron de un ancestro común hace apenas 11 o 12 millones de años, poco tiempo en la escala temporal evolutiva", dice en una nota el biólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU) y coautor de la investigación, Douglas Cavener. "A pesar de su estrecha relación evolutiva, el okapi se parece más a una cebra y no tiene la impresionante altura y capacidad cardiovascular de la jirafa. Por esas dos razones, la secuenciación del genoma del okapi ofrece una poderosa herramienta que hemos usado para identificar algunos de los cambios genéticos únicos de la jirafa", añade.
Ambos animales comparten la gran mayoría de los poco más de 17.000 genes que forman su genoma pero, en 70 de ellos, la jirafa acumula una serie de cambios que explicarían el éxito evolutivo de un animal que puede rozar los seis metros de altura, que necesita de un descomunal corazón para bombear la sangre dos metros de cuello arriba y que ha desarrollado paredes reforzadas en los vasos sanguíneos de sus extremidades inferiores para que no revienten. Además, en su evolución, su aparato digestivo ha aprendido a sacarle todo el jugo a las hojas de la espinosa y tóxica acacia.
ampliar fotoLas jirafas masai como las del parque nacional Mikumi de Tanzania (en la imagen) se alimentan de las hojas de la acacia. Doug Cavener
Casi la mitad de esos 70 genes codifican proteínas de las que se conoce su implicación en la regulación del desarrollo y fisiología de los tres sistemas que más modificaciones han sufrido: el locomotor, el cardiovascular y el nervioso. Algunos de estos genes, además, controlan tanto el desarrollo cardíaco como el músculo esquelético, lo que sugiere que el largo cuello y las largas patas delanteras evolucionaron a la par que el corazón y el sistema circulatorio, algo, por otra parte, bastante lógico.
En cuanto a la altura del cuello, las jirafas tienen siete vértebras cervicales, las mismas que el resto de los mamíferos. Lo que sucede es que en su caso, las vértebras fueron elevándose. Al menos dos genes participan en estos cambios, uno que especifica la región del esqueleto que ha de crecer más y otro para estimular ese crecimiento. Esos genes están entre los 70 que los investigadores han localizado con más cambios en sus cadenas de aminoácidos, según publican en Nature Communications.
"El más intrigante de estos genes es FGFRL1, que tiene una acumulación de sustituciones de aminoácidos única en la jirafa", sostiene Cavener. Los cambios se concentran en la parte relacionada con factores de crecimiento. De hecho, estudios en ratones y humanos muestran que una mutación en este gen provoca malformaciones tanto en huesos como en el corazón. La intención de los científicos es usar la técnica de edición genética CRISPR para insertar el gen de la jirafa en ratones e investigar así este tipo de malformaciones.
Esta mañana medio mundo tiene su mirada puesta en el frío cosmódromo de Baikonur (Kazajistán), desde donde se acaba de lanzar con éxito el último ingenio humano para rastrear vida en Marte: la misión ExoMars.
¡Hoy se cumplen 137 años del nacimiento de Albert Einstein!
¿No sabes quién es Einstein? :O
Albert Einstein fue un físico y judío alemán del siglo XIX y XX (nació el 14 de marzo de 1879 y murió el 18 de abril de 1955) conocido principalmente por el desarrollo de la teoría de la relatividad (especial y general) y la explicación teórica del movimiento browniano y el efecto fotoeléctrico.
Nació en la ciudad alemana de Ulm, pero al año de vida su familia se mudó a Munich, donde viviría hasta los 15 años. Con 17 ingresó en la Escuela Politécnica Federal de Zurich para estudiar matemáticas y física. Cinco años más tarde, ya graduado, consiguió la nacionalidad suiza y en 1902 comenzó a trabajar en la Oficina Federal de la Propiedad Intelectual de Suiza, empleo que compaginó hasta los 30 años con sus investigaciones científicas.
1905 fue su año más fructífero, resultado de la publicación de cuatro artículos científicos sobre elefecto fotoeléctrico, el movimiento browniano, la teoría de la relatividad especial y laequivalencia masa-energía (E = mc²). El primero le valió el Premio Nobel de Física del año 1921, el segundo el grado de doctor y los dos últimos le consagrarían, con el tiempo, como el mayor científico del siglo XX.
En 1908 comenzó a ejercer como profesor de física en la universidad de Berna, cargo que continuaría años posteriores en Praga y finalmente en Berlín, ciudad en la que vivió hasta que el ascenso del régimen nazi le hiciera abandonar Alemania y mudarse a Estados Unidos (1932). Allí impartió docencia en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, se nacionalizó estadounidense(obteniendo la doble nacionalidad suizo-estadounidense) y pasó el resto de su vida intentando integrar las leyes físicas de la gravitación y el electromagnetismo así como divulgando valores pacifistas, socialistas y sionistas.
Anoche Leonardo DiCaprio ganó, por fin, el Oscar. Y utilizó su discurso para llamar a la acción por el clima, recordando que el cambio climático es la amenaza más grande a la que se enfrenta nuestra especie, y que no tenemos tiempo que perder.
Una vez más, Leo demostró que es un grande entre los grandes...
Además de un grandísimo actor, Leonardo DiCaprio es Mensajero de la Paz de la ONU por su activismo climático, miembro del Consejo de WWF en Estados Unidos, y uno de los mayores filántropos por el medio ambiente:http://www.worldwildlife.org/leaders/leonardo-dicaprio